Skip to main content

Full text of "La ruta de la Libertad"

See other formats


«•• 



*,••# 



La Ruta de la Libertad 

Bitácora de Caminantes - Casanare, Boyacá y Ciudad Bolívar - Bogotá 

Corporación Social para La Asesoría y Capacitación Comunitaria COSPACC 

No. 1 Mayo de 2008 



»•• 




Caminos 

Un acercamiento al contexto 

Casanare y Boyacá 
Bitácora de Caminantes: 

Lugares de la intuición: 

Memorias del Páramo de 

Pisba-Boyacá 5 

Esenarios: 

Misión a Pueblo Viejo 

"Queremos vivir en paz 

y en libertad" 10 

Travesías 

Chachafruto"" 

el árbol que nunca muere 14 
Caminantes: 

Alvaro Salón Archila 

una verdadera historia que 
tenemos que contar 16 

a la Tierra: 

El campo y la realidad actual 

De la finca a la calle 1 9 

Edición: 
COSPACC -2008 



cospacc2002@yahoo. com 

Diseño y diagramación 
Marcela Vega Vargas 
marcapajarito@gmail. com 



3 



Nota editorial 



Queremos presentarles a ustedes, el primer número de nuestra bitá- 
cora de caminantes: La Ruta de la Libertad. Se preguntarán por qué 
hemos decidido hacer una bitácora de caminantes. Bueno, porque a 
través de ella estaremos entregando, más que un informe de activida- 
des de nuestra organización, una visión de personas que hemos veni- 
do caminando algunas de las regiones de nuestro país, reconociendo, 
trabajando, pero sobre todo aprendiendo de aquellos y aquellas que 
componen las comunidades al margen de nuestros caminos. Nuestras 
rutas nos han llevado por el departamento del Casanare, el piedemonte 
de Casanare-Boyacá y la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá. 

Por supuesto, éste no ha sido un camino fácil, no sólo por las dificul- 
tades de acceso que encierran las rutas elegidas, sino por los contrastes 
de la experiencia misma, que llenan la bitácora de escenas crudas de 
abandono, ausencia del Estado, injusticia y marginalidad, pero también 
y por encima de ello, de belleza, vitalidad, dignidad, tenacidad en la 
lucha y esperanza de nuestros pueblos. 

La Ruta de la Libertad, está inspirada en el camino que tiempo atrás 
atravesaran los soldados libertadores desde los llanos hasta Boyacá, con 
el sueño de la independencia, de construir una nación propia, goberna- 
da por ellos y ellas. Obviamente hablamos de un sueño inconcluso, que 
no se agotó en aquellos episodios, sino que continúa desafiándonos con 
mayor vigor en la actualidad, cuando el mismo ha sido distorsionado y 
enajenado en la gente. Los parajes que atraviesa la ruta, hoy constitu- 
yen buena parte de la región donde desarrollamos nuestro quehacer. 



Esperamos que tanto ustedes como nosotras y nosotros, podamos 
continuar andando juntos esta travesía y esta bitácora les acerque a los 
escenarios que de manera modesta, deseamos traer hasta sus concien- 
cias. 






COSPACC 




••*•+•» 




Un acercamiento al contexto 



Casanare y Boyacá 



Por: Manuel Vega Vargas 




4? 



* 



Atados al imponente lazo de la cordillera orien- 
tal, los pueblos de Casanare y Boyacá han transitado 
juntos la historia de esta patria, hoy más que nunca 
ausente, hoy más que nunca triste. Desde las distan- 
cias del descubrimiento y el colonialismo español 
-aún vergonzoso-, pasando por la campaña indepen- 
dentista, hasta el conflictivo presente, los habitantes 
de estas tierras han compartido angustias, dolores, 
penurias, pero también fiestas, colores y esperan- 
zas. Estos son los materiales de los que están hechos 
llaneros y boyacenses, pueblos hermosos, pueblos 
tiernos y a la vez recios que hoy son compañeros 
de viaje, motivo de nuestro quehacer, inspiración de 
nuestras luchas y de estas líneas. 

Al paso por la cordillera se presiente el llano de 
un costado, del otro las tierras de Boyacá. Lejos del 
lustro de los relatos históricos, gran parte de la geo- 
grafía de lo que conocemos como la Provincia de 
la Libertad se presenta hostil y plagada de miseria. 



Pareciera como si el paso de Bolívar 
hubiese sido borrado del lodo de esos 
caminos encumbrados, bordeados 
por filos tupidos de selva, que hoy 
sólo son recorridos por un campe- 
sinado empobrecido. Parece que la 
palabra "Libertad" empotrada a la 
fuerza en el nombre de este territorio 
remitiera sólo a un evento pasado, a 
uno de los mitos fundacionales de 
nuestra nación. "La ruta libertadora": 
mito retomado sin consideraciones 
por muchos, empleado en cartillas 
escolares y en programas políticos, 
mito-bandera política, pero, ¿alguien 
se ha preguntado si los habitantes de estas tierras que 
sin duda sirvieron a la causa libertadora desean se- 
guir siendo sólo parte de un mito mientras la pobreza 
y el abandono estatal los agobian?. 

La historia es extraña. Hoy parece que mientras 
Bolívar continuó su marcha hacia la victoria, la 
Provincia de la Libertad quedó detenida en el siglo 
XIX, huérfana de ese Estado nación que comenzaría 
a cobrar forma justamente con la independencia y a 
lo largo de los dos últimos siglos. Basta ver hoy las 
precarias viviendas, recorrer los caminos de Pisba o 
de Paya, las veredas de Pajarito o las de Labranza 
Grande, basta mirar los pies descalzos de los niños 
que deben recorrer 4 y más horas para llegar a la es- 
cuela. El olvido surte su efecto no sólo en la memo- 
ria de una nación, sino también en la vida material 
de las comunidades. 

Un terrible contraste entre esta realidad social y 
el mundo natural se abre a nuestro paso por el Para- 



*•• 



*,••# 



»•+•#•• 



mo de Pisba. Cuesta creer que en medio de lagunas 
especulares y una vegetación exuberante se come- 
ten cientos de arbitrariedades contra el campesinado 
con ocasión de un conflicto armado que a diferencia 
del Estado, si llega a muchos rincones de Colom- 
bia. Nuestro recorrido tiene allí su explicación, su 
razón de ser: mostrar lo que pasa desapercibido por 
los grandes medios de comunicación, llamar la aten- 
ción sobre una región plagada de injusticias y de vio- 
lencias, incitar solidaridades y reflexiones en torno 
a comunidades doblemente castigadas, primero con 
la atadura de la pobreza, luego, con las cadenas del 
conflicto. 

Tras varias horas de camino, la sabana llanera se 
instala como horizonte, como referencia imaginaria 
de la libertad. Aún sobre la cordillera se disponen las 
primeras veredas de Casanare, en pleno piedemon- 
te. La temperatura se hace cálida, y el acento bo- 
yacense acompaña aún ese cordial recibimiento del 
campesino, con guarapo en mano. Estos territorios 
transmiten historias del pasado, recorridos de hom- 
bres y guerreros. Guadalupe Salcedo, Dumar Aljure, 
y otros tantos forjaron un movimiento de guerrillas 
liberales que hoy sin duda parece desdibujado por 
las dimensiones absurdas del conflicto. Aunque la 
sabana participa de estos relatos, la presencia el pa- 
ramilitarismo en las últimas tres décadas ha inten- 
tado borrar con horrores innombrables y masacres 
cualquier referencia al pasado. 

Algo similar ha ocurrido con el petróleo. Una 
vez se anuncio la presencia de importantes reser- 
vas de hidrocarburos en la región se inició la frac- 
tura de identidades, la desaparición progresiva del 
hato ganadero, la destrucción del medio ambiente, 
la re-configuración de los espacios urbanos, ahora 
cargados de nuevos signos de "modernización", de 
"progreso". Han pasado más de 10 años de explota- 
ción efectiva del oro negro y los efectos son visibles: 
con el petróleo se agudizo la guerra, con las transna- 
cionales creció el paramilitarismo hasta tomarse la 
sociedad por asalto, con los cambios en la actividad 
productiva la región tuvo un desbordado crecimiento 
demográfico, con la implantación de una economía 
de enclave emergió una sociedad de prostíbulos, de 
violencias intrafamiliares, de corrupción. La estética 



se hizo agresiva: enormes camionetas, una sociedad 
mafiotizada. 

En estas circunstancias Casanare se convirtió en 
uno de los departamentos del país con las cifras más 
elevadas de violaciones a los derechos humanos, 
aunque la nación insistiera en omitir la realidad. "El 
petróleo de Casanare justificaba cualquier cosa". Al- 
guien tenía que pagar un precio por las miserables 
pero codiciadas regalías del negocio petrolero: ese 
precio lo pago el pueblo de Casanare con sangre, con 
muerte, con lágrimas. 

En efecto, en este departamento las tasas de homi- 
cidios han superado el promedio nacional, las cuales 
además, desde el año 1992, han tendido al alza. Des- 
de 1996 la tasa se ha mantenido elevada, sobresa- 
liendo los años 1998 con una tasa de 119 por cada 
cien mil habitantes y 2001 con una tasa de 113. A 
junio de 2003, la tasa de homicidios de Casanare era 
de 87. Y sin temor a equivocarnos podemos afirmar 
claramente cuales han sido los mayores victimarios 
en todo esto: los paramilitares. Como lo revela la vi- 
cepresidencia de la República, las autodefensas son 
el grupo armado ilegal que mayor número de secues- 
tros cometió desde 1998 hasta junio de 2003. l 



1 Programa presidencial de derechos humanos y derecho in- 

ternacional humanitario. Vicepresidencia de la república. 



** * 





••#•#•# 







En los últimos 
años se convirtió 
en un lugar común 
dentro de las orga- 
nizaciones sociales 
la denuncia de de- 
tenciones masivas, 
los asesinatos extra- 
judiciales, las des- 
apariciones y de ma- 
nera preocupante la 
reemergencia de la 
práctica de la tortu- 
ra en la región. Todo 
ello se explica ade- 
más en el contexto 
de la política de se- 
guridad democrática 
que corresponde sin 
duda a un momento 
de derechización de 
la sociedad colom- 
biana, el cual mu- 
chos dirigentes sociales, campesinos y organizacio- 
nes de base hemos decidido resistir. 

Así, desde el año 2002, la Corporación COS- 
PACC, creada a partir del trabajo organizativo en di- 
versos municipios de los departamentos de Boyacá 
y Casanare, viene adelantando un esfuerzo significa- 
tivo en torno a la reivindicación del los temas agra- 
rios, ambientales, sociales y de derechos humanos 
en la región. 

Impulsada por el aporte inicial de algunos líderes 
sociales del Casanare que sobrevivieron a la arreme- 
tida de los grupos paramilitares y al mismo ejercito 
en la región durante los años noventa, la Corpora- 
ción ha logrado ubicarse poco a poco en el ámbito 
Nacional como un referente de las luchas agrarias, 
y ha extendido su influencia a los departamentos de 
Cundinamarca, Bogotá y Tolima, así como a nivel 
internacional. 

Pese a las dificultades que han surgido debido a 
la represión contra varios dirigentes de nuestra or- 
ganización, detenciones masivas, desapariciones y 
asesinatos de campesinos de la región, COS-PACC 



continúa en su tarea de defensa del sector agrario 
colombiano. Como evidencia de ese trabajo hemos 
decidido compartir con ustedes este sencillo diario 
en donde se consignan nuestros principales esfuer- 
zos en materia de defensa de los derechos humanos, 
investigación social, asistencia y capacitación du- 
rante el año 2008 en las comunidades de Boyacá y 
Casanare. 

En las siguientes líneas quedan plasmados un 
conjunto de informes, artículos y documentos que 
pretenden recrear en ustedes la realidad que viven 
las comunidades de un país donde todo parece estar 
en orden, no obstante, el único orden que se percibe 
al recorre veredas y regiones apartadas es el de la 
muerte, la humillación y el terror bajo la tutela del 
Estado colombiano y sus oscuras alianzas con el pa- 
ramilitarismo. 

Además de su evidente función divulgativa, este 
conjunto de escritos pretenden invocar solidarida- 
des, pero también suscitar aportes, abrir debates y 
entablar con las comunidades y con otras organiza- 
ciones sociales del país una discusión franca sobre 



«•• 



*,••# 



»•+•#•• 



nuestro quehacer, sobre el alcance de nuestras accio- 
nes, sobre nuestras metodologías de trabajo y lo más 
importante, sobre los horizontes comunes que deben 
orientar nuestros esfuerzos políticos y organizativos 
en un país que hoy más que nunca se ahoga en la 
desesperanza. 

Es preciso aclarar que las palabras en ocasiones 
no logran representarlo todo, por eso estos textos son 
apenas un reflejo de intensas jornadas de trabajo, de 
largos recorridos y difíciles situaciones las cuales 
habitualmente, por nuestro desorden, quedan con- 
denadas al olvido pues no acostumbramos a regis- 
trarlas. Una cultura de la oralidad acompaña nuestra 
experiencia y nos condena en ocasiones a la desme- 
moria. Ante ello nos enfrentamos también con esta 
sencilla compilación. 

Diarios-cuadernos-memorias de trabajo. Este es 
el triple propósito de este material elaborado gracias 
a la participación de todos los miembros de la Jun- 
ta Directiva de la Corporación. En nuestra bitácora 
encontrará documentos como artículos de prensa, 
denuncias, informes de misiones, diarios de campo, 
que fueron el resultado de un proceso de investiga- 
ción en torno a los impactos del petróleo en Casana- 
re. Este proceso es documentado hasta la realización 



del Tribunal Permanente de los Pueblos, donde se 
buscó el juzgamiento de Transnacionales de Hidro- 
carburos que operan en Colombia por sus reiteradas 
violaciones a los derechos humanos; evento realiza- 
do en julio de 2007. Un conjunto adicional de mate- 
riales han sido guardados para la elaboración de un 
libro sobre el tema, por ello no se incluyen acá. 2 

A la vez incluimos toda la experiencia de acom- 
pañamiento a comunidades de la Provincia de la 
Libertad en Boy acá, así como con el arduo trabajo 
de defensa de Derechos Humanos adelantado por la 
Corporación en la región desde hace varios años, ex- 
presa no sólo a manera de informes sino también a 
través de relatos, imágenes y reseñas culturales de la 
región. 

Esperamos pues aportar con esto a ese nece- 
sario "viaje de vuelta" que permita traer a Boy acá 
y Casanare al centro de las preocupaciones de las 
organizaciones sociales el país y del mismo Estado 
colombiano, pero también que nos permita a todos 
nosotros volver la mirada sobre estas bellas comuni- 
dades que merecen un ejercicio de vida digna con el 
cual se cargue de sentido ese nombre "La Ruta de la 
Libertad" es decir el vinculo territorial, social, afec- 
tivo e histórico que une a estos dos departamentos. 







2 Vale la pena decir que algunos de estos materiales han sido 

editados parcialmente con el ánimo de evitar repeticiones innecesarias 
que dificulten la lectura del texto como un todo. 








•«#•♦•• 



• * •>^*i • • • 



Lugares de la intuición: 

Memorias del 



Páramo de Pisba-Boyacá 



Por: Marcela Vega 






Yo crecí al pié del páramo de Berlín vecino de 
Pamplona, en Norte de Santander-Colombia. Cons- 
tantemente tengo sueños donde vuelvo a recorrer 
una recta larga de pavimento, construida en medio 
de islitas de pasto amarillo, cercadas todas por hilos 
de agua plateada. Nunca consigo recordar el antes ni 
el después del páramo, de hecho Pamplona es algo 
cada vez más difuso en la memoria. Tampoco puedo 
afirmar que recuerdo todo el páramo sino imágenes 
puntuales y fragmentadas como ésta, por ejemplo. 

He visitado varios páramos y tengo siempre gran- 
des impedimentos para reconstruir el antes y el des- 
pués de la visita, cómo se llega ahí, cuáles son las 
carreteras o las rutas de los buses, 
las veredas y los nombres de las ve- 
redas, porque la memoria del pára- 
mo parece enajenar todo lo anterior 
y lo sucesivo. 

La sensación de estar en el pá- 
ramo no se asemeja a la alegría del 
mar en vacaciones, ni se puede decir 
que un páramo es bonito como una 
playa en Santa Marta o un Museo 
en Bogotá, no se pretende visitar un 
páramo con la misma disposición 
con la que se visita un santuario 
como Monserrate. Los páramos no 
se inscriben en categorías estéticas, 
ni éticas, ni morales, ni religiosas, 
ni políticas. "Dentro de nada" esa 



es la mejor descripción de un páramo. Pese a estar 
en una región geográficamente determinada, estando 
allí resulta difícil referenciar un lugar relativamente 
cercano al páramo que pueda proporcionarnos algu- 
na orientación posible, alguna segura y cómoda ubi- 
cación en el mundo. Todo esto también comprende 
la memoria súbita del páramo. 

El páramo no es un lugar mejor o peor que otros, 
es excepcionalmente un espacio de extravío a veces 
conveniente, no siempre conveniente, siempre ma- 
yor a cualquiera de nuestras fuerzas, eso sí sucede 
siempre. No se esfuerza por ser particularmente aco- 
gedor y amable, ni tibio y azul, ni hay arenas ansio- 




«•• 



*,••# 



»•+•#•• 



sas, ni pastos delicados, el páramo no discute nada 
con nadie, no pretende demostrar nada, no se sienta a 
escuchar las subjetividades, no quiere hacernos sen- 
tir en casa. Un páramo es un lugar que puede ser con 
o sin nosotros. 

Cuando me acerqué al Páramo de Pisba no tenía 
idea de lo inabarcable que podía ser la tarea de estar 
en medio de uno de los páramos más grandes e inex- 
plorados del país. Yo no soy montañista, ni una ave- 
zada turista mochilera, ni soy campesina, ni siquiera 
hago ejercicio habitualmente, mi condición natural 
es precaria para cualquier tarea de ascender a más de 
cuatro mil metros e incluso menos. Esto sin embargo 
no es la raíz de las angustias que produce estar a la 
falda del páramo. 

La máquina de la intuición empieza a agitarnos 
toda el agua de la que estamos hechas y entonces 
descubrimos la blanda superficie de nuestra volun- 
tad. Un páramo no es el escenario predilecto de los 
filmes fascistas de principio de siglo XX, donde el 
hombre inflamado en medio del triunfo de la volun- 
tad, legitima a través de la alegoría del ascenso a la 
montaña, la derrota de la naturaleza bajo el dominio 
de la humanidad. 

En cambio sí es, como el caso del páramo de Pis- 
ba, una cadena de montañas color pizarra, a la dis- 
tancia inmensas y gaseosas, en conflicto permanente 
con las sólidas nubes grisáceas, continuando la nie- 
bla y el cielo, inmensamente solitarias y silenciosas, 
sin límites ni referencias que den cuenta de un lugar 
para nosotros y nosotras en el mundo. Y esto ha sido 
y seguirá siendo a pesar de los afanes humanos por 
controlar y acaparar. 

Cuando se observa la postal de un lugar así, ha- 
blar de nuestra pequenez parece melodramático, 
como recurso literario barato. Por eso, tales sensa- 
ciones no podrán darse a entender desde la distancia 
de este escrito, o en la categoría de belleza que bien 
podríamos asignar con justeza a cualquier otro lu- 
gar bonito. El páramo no es comprensible desde la 
racionalidad o la distancia ¡El páramo no es com- 
prensible! En un mundo reducido, determinado por 
los lenguajes pretenciosamente universales de los 



medios masivos de comunicación, acostumbrados a 
tener una visión virtual de cosas, personas y lugares, 
se crea la ilusión de que todo es insignificante, alcan- 
zable, abarcable, mientras las pequeñas miserias se 
subliman y se abandonan los grandes asuntos de la 
vida y la naturaleza. 

El páramo no se visita desde estas distancias 
virtuales, si acaso se intuye en el exacto lugar del 
páramo, justo en la extensión donde él es, donde él 
concede o no la oportunidad de ser conocido y en- 
tonces hay quienes le visitarán y apenas le sufrirán 
sin poderle comprender, igual, eso al páramo no le 
importa como ya se ha afirmado antes. Si es así, el 
páramo es apenas una postal bonita, sin el costo de 
habernos tenido que reconocer como otra pequeña 
entidad en medio y no pocas veces, torpemente en 
medio de un páramo. 

El asunto del páramo de Pisba es de inabarcabili- 
dad, es un problema para el ego humano que se halla 
en estado de abandono, de futilidad, de cosa innece- 
saria y pesada en el morral. Es así, aunque a la lecto- 
ra y el lector le parezca predecible esta descripción. 

El padecimiento de hallarse en medio del páramo, 
no es como los preparados por hombres y mujeres, 
quienes tienen que distorsionarse a sí mismos para 
representar un teatro del sádico padecimiento sobre 
otro u otra en indefensión, con el fin infructuoso de 
hacerse respetar. 

Por supuesto, no vamos a engañarles diciéndoles 
que el cuerpo no padece, evidentemente sucede y en 
amplísima magnitud. La diferencia es que el pára- 
mo no se hace respetar, no lo necesita, no le interesa 
tal respeto. El Páramo hace padecer lo aprendido, 
lo conocido, lo aprensible, derrumba las pequeñas 
montañas de discursos y palabras y tratados teóricos 
que allí tienen lugar alguno, por que ese no es un 
lugar que intente ser un lugar dentro de la mente de 
nadie, sino apenas obedece a su ontología, su ser de 
páramo. 

Eso no significa que el páramo no lo habiten seres 
humanos o que sea un lugar horroroso y mezquino. 
Sucede que el páramo no se habita como la ciudad, o 



Memorias del Páramo de Pisba 



•«♦•♦•• 



los valles de tierra fértil o las costas marítimas donde 
usualmente habitamos por el hecho frenético de tener 
que habitarlo todo, para luego irnos convirtiendo en 
nuestras habitaciones y en las exigencias de nuestras 
habitaciones. El páramo de Pisba no se puede habitar 
así, únicamente podemos dejar que nos habite y que 
nos haga parte de si, claro está nos permitimos ser 
habitados y deshabitados por una fuerza mayor que 
todas las fuerzas colonizadoras juntas. Las personas 
que habitan el páramo de Pisba tienen el mismo ca- 
rácter del páramo, su mutismo no es ignorancia o 
timidez, es páramo encarnado en seres humanos que 
se dejan habitar por él. 

Habitar el páramo no es lo mismo que destruirlo, 
no se puede habitar y al mismo tiempo destruir al 
páramo, porque si nos dejamos habitar por el pára- 
mo y le destruimos, necesariamente nos destruimos 
a nosotros mismos. Nadie asesina a lo que lo habita y 
le da razón de existencia. Tampoco se puede destruir 
un páramo como si se tratase de una entidad indefen- 
sa cuya destrucción podría fortalecer en algo a cual- 
quier ser humano. Destruir al páramo no significa no 
tener compasión de él, significa no tener compasión 
de sí mismo. Los habitantes del páramo de Pisba pe- 
lean y se reconcilian con el páramo y aprenden con 
el tiempo a no destruirse a sí mismos, en una especie 
de equilibrio que él mismo acepta y entiende, no es 
un "páramo mezquino", es un páramo. A nosotros 
nos pareció mezquino. Acostumbrados y acostum- 
bradas a extender la mano y alcanzar algún producto 
de un estante, dispuesto festivamente en la góndola 
del supermercado para resolver nuestras pequeñas 
frustraciones llevadas al extremo de tragedia, no 
pocas veces quisimos sentarnos con rabia en medio 
del barro, con dolor en las piernas, perdidos y casi 
congelados, ad portas de una noche más oscura de lo 
soportable. Y es ahí cuando intentamos entender. No 
es que el páramo pretenda entender de dónde proce- 
demos para así adaptar su propia ruta de ser páramo, 
sino somos nosotros y nosotras en tales momentos, 
las y los que intentamos entender cómo hemos eva- 
dido la fundamental tarea de hallar caminos o en- 
contrar nuestro propio camino al borde de nosotras 
mismas. Hemos comprendido que nuestra vida se 
ha construido en la comodidad que proporciona el 
evitar toda intimidad con el entorno, con las demás 



• • 4>^b • • • 

personas, con nosotras y nosotros mismos. Sólo en 
medio de la enajenación de la vida como la conoce- 
mos, en lugares tan sobrecogedores como el Páramo 
de Pisba, se evidencia el carácter de la vitalidad pos- 
tergada. Finalmente por eso, para ir al páramo par- 
tiendo de nuestra realidad, hay que tomar la decisión 
de ir al páramo, hay que tener la audacia de salir de 
este pequeño círculo seguro que habitamos, al que le 
han asignado erróneamente el valor de mundo. 

En la entrada hacia la tercera montaña, después 
de una jornada de camino, habita una extensión de 
ancianos de musgo, sembrados sobre la alfombra 
gruesa de plantitas diminutas tiernas, liqúenes, sue- 
los de hojas resbalosas dispuestas para ablandar la 
rudeza de las piedras, inconmensurablemente húme- 




8 



*•• 



*,••# 



»•+•#•• 



das y milagrosas, mojando nuestra inmediatez con 
su saber multicenternario, el páramo nos había visto 
nacer y morir mientras continua siendo un inmutable 
anciano. 

Despojados y habitadas entonces, pasan las y los 
caminantes del páramo entre puntiagudas hojas de 
frailejón, haciéndose silenciosas y anónimos en esa 
mística que alivia a las montañas. Qué distintos al al- 
pinista aguerrido de las películas de Leni Reinfesn- 
thal la cineasta favorita del régimen nazi, siempre 
ostentoso y arrogante quien no se deja habitar por 
la montaña sino que la "vence". En medio de esa 
mística flotan las incertidumbres, sentimientos que 
fluctúan entre la paz y el temor a una noche más fría 
de lo soportable, el pánico de terminar caminando 
con los espectros del ejército de Bolívar que se fue- 
ron quedando dormidos en algún rincón de niebla. 
Sin embargo, lo más aterrador no es el encuentro con 
los desnudos fantasmas, sino la posible emboscada 
de cierta violencia que va dejando sus rastros de co- 
mida y cigarros por ahí, agentes que han hurtado la 
identidad de los extraviados espíritus para proteger 
una persona jurídica llamada Colombia, una inven- 
ción más del mundo de lo excusable, un pretexto de 
uso común para las y los más poderosos. 

En medio de toda la concentración de causas fa- 
voritas para la gestión, del mercado de lo exótico, 
resulta imposible acercarse a la comprensión de 
tales rudezas sin querer cumplir un papel salvador 
realmente fuera de lugar, tampoco hay muchos o 
muchas que así lo intenten, los pocos y pocas que 
lo hicimos en algún momento tuvimos la sensación 
de haber estado en un lugar distinto a cualquier Co- 
lombia que pudiésemos recordar y menos abarcar. 
Es tan inaccesible que no bastarían mil misiones, ni 
eventos, ni campañas, ni un millón de afiches para 
cubrir la brecha de abandono, los siglos de distancia, 
la impunidad y el silencio en el centro de una de las 
tantas "nada" socialmente construidas en Colombia. 
Sus habitantes son personajes míticos olvidados de 
la modernidad ¿Quién podría escucharles si viven en 
un lugar sin luz, sin caminos, a jornadas enteras de 
camino, sin suministros a la mano? 

Es un lugar para las y los que se suman al olvi- 
do no porque quisieron ser olvidados, sino porque 



fueron olvidados antes de llegar al páramo. Las 
personas que habitan el páramo son también seres 
que se intuyen pero de los que nadie, ninguna lógica 
burocrática gobernada por la documentación, por el 
expediente, podría dar cuenta. Son las personas que 
habitan un lugar incomprendido por las marchas, las 
instituciones, la prensa, las universidades, por las y 
los que pensamos que es mas efectivo apilarse alre- 
dedor de los sectores estratégicos de la economía, por 
la conciencia de cualquiera que no pueda entender el 
páramo más allá de una imagen de postal, aquellas y 
aquellos que jamás se han sobrecogido ante el carác- 
ter indoblegable de un páramo. 

Podría ser debido a las inmensas y diversas imá- 
genes impresionantes y transformadoras de la vida 
como ninguna otra lograda en espacios menos hos- 
tiles, las que fijan fragmentos paramunos en los sue- 
ños. Eso tal vez explique la recurrencia del Páramo 
de Berlín en mis noches. Tal vez las y los que vivi- 
mos en la ciudad desconocíamos el sabor del agua 
pura que no es insabora como nos enseñaron en la 
escuela. A veces en mi habitación tengo la impre- 
sión de revivir ese tipo de frío, frente al que no se 
interponen cobijas por miedo a la ridiculez de tan 
precario intento. Un frío escrutador y necesario del 
que ya no tenemos noticias en las ciudades. No hay 
memoria de las cómodas camas de sus inexistentes 
hoteles. No hay una multitud de gente haciéndonos 
sentir exóticos en un lugar donde evidentemente no 
encajamos. El páramo no es un beneficio natural del 
que hay que valerse como si se tratara de capsulitas 
de omega 3, en el afán no pocas veces paranoico de 
comprar naturaleza, encapsulada por algún laborato- 
rio sospechosamente preocupado por nuestro bien- 
estar. Se quiere regresar al páramo porque provoca 
fuertes conflictos que apenas se sobrevienen sin que 
se puedan anticipar, lo que nos recuerda que la vida 
es una intensidad sensorial, espiritual, material que 
hemos ido dejando por pedazos a cambio de la segu- 
ridad con la que afrontamos las tragedias fabricadas 
en la televisión. 

El páramo es la preservación del temor honesto, 
sin efectos especiales, la zozobra y la extrema belle- 
za agitando la respiración, debilitando las articula- 
ciones y libertando el alma, los recuerdos y la trans- 



Memorias del Páramo de Pisba 



• • ♦ • •♦ • ■■•■ 



• * mJFR> • • • 



parencia. De cara al páramo hay que dejar morir de hipotermia, las mentiras y los teatros con los que nos 
apoderamos de las cosas y de los y las otras. 

Si se corre con la suerte de dejarse habitar por el Páramo de Pisba, entonces el o la habitada necesita 
hablar de lo que le habita, proteger lo que nos habita, comunicar y hallar solidaridad: 

El páramo de Pisba es uno de los lugares más emblemáticos de nuestro país y resulta a la vez ser uno de 
los más pobres de la tierra. Aquellas y aquellos que consideran, tenemos una de las democracias más sólidas 
y antiguas de América, debemos decirle que es precisamente ésta, la ausente más notada en el lugar donde 
se origina su hito fundante: la gesta libertadora. El páramo de Pisba es Colombia cuando hay que golpear, 
robar y asesinar, cuando hay que poner una sísmica y robarse descaradamente el petróleo o el agua o cual- 
quiera otra de las innumerables riquezas de aquel lugar. Colombia en el páramo es una personería jurídica 
para que firme el contrato con alguna multinacional, pero Colombia no existe allí cuando hay que ayudar, 
promover, alentar, dar amor. 

¿Quién es Colombia? se pregunta uno ahora que están tan de moda las camisetas que dicen "Colombia 
soy Yo" y vemos pulular por todas partes un patrioterismo barato y decadente que trata a presentadoras, 
modelos del hambre voluntaria, ladrones, asesinos y traficantes, como un patrimonio nacional. ¡Quién es 
Colombia! Pienso que esas nimiedades también le resultan indiferentes al páramo. 




10 



«•• 



<••• 



»•+•#•• 



Informe Misión de Verificación y Acompañamiento a la 
Comunidad Desplazada de la vereda Pueblo Viejo municipio 
Socotá Departamento de Boyacá. Junio 30 -julio I o de 2007 



44 



Queremos vivir en paz y 
en libertad" 



Población desplazada de Pueblo 
Viejo 



Participantes 

Matilde Vega - Vicepresidencia de la República 
(Contratista), Fabián Laverde Doncel - Delegado 
Corporación Social para la Asesoría y Capacita- 
ción Comunitaria (COS-PACC), July Henríquez S. 
- Fundación Comité de Solidaridad con los Presos 
Políticos (FCSPP). 

Acompañantes internacionales 

Brigadas Internacionales de Paz (PBI) y Red de 
Hermandad y Solidaridad con Colombia (RED- 
HER). 

Objetivo de la Misión 

Verificar la situación humanitaria de las victimas 
del desplazamiento forzado de la vereda Pueblo Vie- 
jo del municipio de Socota en el departamento de 
Boyacá, brindarles acompañamiento y ejercer las 
acciones integrales que les permitan a las victimas la 
reclamación y reconocimiento de sus derechos. 

Desarrollo de la Misión 

Junio 30 de 2007 : 

Pese a la notificación realizada al Programa de 
DDHH de la Vicepresidencia de la República y al 
Coordinador de DDHH de la Inspección General de 
Policía Nacional sobre el itinerario de la misión y su 



objetivo, fue evidente que no existió comunicación 
con los comandantes de la fuerza publica de la re- 
gión, lo que produjo incidentes que afectaron direc- 
tamente la Misión. 

A las 12:35 p.m., cuando la Misión arribo al cas- 
co urbano del municipio de Socha Boyacá, el señor 
Fernando Carvajal Carreño identificado con CC 
1.054.252.142, desplazado de la vereda Pueblo viejo 
y actualmente residente de la vereda Comeza Ho- 
yada del municipio de Socotá, miembro del comité 
de DDHH de COS-PACC, fue separado del grupo 
que conformaba la Misión, por el cabo tercero de 
apellido PRISCO vinculado al Batallón Tarquí del 
Ejercito Nacional, quien de inmediato le solicito su 
documento de identidad y por medio de un celular 
procedió a verificarle antecedentes judiciales, ya que 
según él, un informante "lo había señalado". Fernan- 
do Carvajal fue conducido a la estación de policía, 
donde el suboficial del ejercito pidió prestado a la 
policía un calabozo. De inmediato los demás miem- 
bros de la Misión solicitamos respetuosamente al 
militar nos aclarara lo que estaba sucediendo, a lo 
que el suboficial argumentó que se trataba de la ve- 
rificación de antecedentes por órdenes directas del 
coronel Aponte, comandante de su Batallón. 



Queremos vivir en paz y libertad 



n 



•«♦•♦•• 



La Misión, de inmediato puso estos hechos en 
conocimiento de los funcionarios de Policía en el 
municipio, quienes no intervinieron por tratarse de 
un procedimiento del Ejército Nacional, razón por 
la cual procedimos a comunicar el suceso a nuestras 
organizaciones y a las autoridades nacionales. 

Al notar que el Ejército estaba ejerciendo funcio- 
nes de policía judicial, solicitamos la presencia del 
Personero Municipal, quien afirmó que tales accio- 
nes desarrolladas por el Ejército estaban enmarca- 
das dentro de la ley, así como también informó a la 
Misión que en un Consejo de Seguridad, el Alcalde 
del Municipio de Socha había delegado al Ejército 
la función de policía judicial, de verificación antece- 
dentes judiciales. No obstante, agentes de la Policía 
también procedieron a verificar antecedentes al señor 
Fernando Carvajal Carreño, quien luego de dos ho- 
ras fue dejado en libertad, 
debido a que las consultas 
realizadas por el Ejercito y 
la Policía, arrojaron como 
resultado que él no pre- 
sentaba antecedentes judi- 
ciales, razón por la cual la 
Misión solicitó a la policía 
dejar una anotación al res- 
pecto. 

Para la Misión fue de 
gran molestia el inciden- 
te que retrasó durante dos 
horas la agenda progra- 
mada para este día; pos- 
teriormente, continuó el 
recorrido hasta llegar a la 
vereda Comeza Hoyada, 
donde se vinculo la Dra. 
Matilde vega (Contratis- 
ta de la Vicepresidencia); 
acto seguido se realizó una 
reunión con más de trein- 
ta personas desplazadas 
provenientes de la vereda 
Pueblo Viejo y algunas 
que a un habitan allí. 




• • 4>^b • • • 

En el espacio para la documentación de casos, la 
Dra Matilde Vega, se abstuvo de participar, manifes- 
tando que con anterioridad, ese mismo día, se había 
reunido con la comunidad y conoció casos, los cua- 
les, una vez recibidos por los demás integrantes de la 
misión, reflejaron total coincidencia. 

Esta población manifestó ser victima de despla- 
zamiento forzado, generado por acciones directas de 
miembros del Ejército Nacional adscritos al Batallón 
Tarquí de la Brigada I con sede en la Ciudad de Tun- 
ja departamento de Boy acá y del Batallón 29 Hé- 
roes del Alto Llano de la Brigada 16 con sede en El 
Yopal Casanare, quienes -según los testimonios- han 
presionado a los habitantes de Pueblo Viejo a aban- 
donar sus propiedades en procura de salvaguardar la 
vida e integridad física, los asistentes afirmaron que 
hace cuatro años aproximadamente habían 40 fami- 
lias con 220 habitantes y 
actualmente quedan 5 fa- 
milias con 25 habitantes 
en promedio; tanto así que 
la escuela cuenta en la ac- 
tualidad con menos de 10 
estudiantes. Denunciaron 
además, que han sufrido 
torturas psicológicas y fí- 
sicas por parte de los mili- 
tares, quienes en repetidas 
ocasiones los militares 
han expresado: "Salgan 
de la vereda, porque va- 
mos a bombardear y no va 
a quedar nadie vivo ". 

Del mismo modo, la 
comunidad desplazada 
denunció que en varias 
ocasiones el Ejército Na- 
cional ha ingresado y re- 
quisado sus viviendas sin 
orden judicial, así como 
también ha procedido a 
detener a los pobladores 
sin orden judicial señalán- 
dolos de ser colaboradores 
de la guerrilla, pero éstos 



12 



«•• 



<• • • 



*•♦•#•• 



en su mayoría, no han denunciado los hechos ante 
las autoridades por temor a represarías. 

En igual sentido, la Misión recibió denuncias por 
parte de ésta comunidad relacionadas a otras arbitra- 
riedad consumadas por el Ejercito, consistentes en el 
hurto de dineros y otras pertenencias de los campe- 
sinos, el acampamento en patios de viviendas y en la 
escuela, el uso de muías y cabalgares sin permiso de 
los propietarios y la entrega de los mismos en mal 
estado en la mayoría de los casos inservibles, debido 
a enfermedades como el hormiguillo y llagas, que se 
adquiere por el abuso con los mismos. 

Finalmente, los pobladores denunciaron la des- 
aparición forzada ocurrida el día 22 de marzo de 
2007 a las 6:30 pm, llegaron dos hombres de civil 
a la casa del señor MANUEL MANRRIQUE DU- 
RAN, ubicada en la vereda Pueblo Viejo; en presen- 
cia de sus tres hijos de 10, 8 y 6 años, le dijeron 
que los acompañara a cazar un guache; esa noche 
no regreso. Al día siguiente siendo las 5:30 am., los 
vecinos del lugar escucharon varias ráfagas. 

Luego de dos días miembros de la comunidad 
preguntaron por el paradero de el señor MANRRI- 
QUE DURAN a las tropas del batallón Tarqui, quie- 
nes se encontraba desde hacia varios días en la zona; 
a lo que uno de los militares respondió "si el acaba- 
ba de salir de la cárcel, es porque era terrorista''. 

La comunidad pudo darse cuenta que un helicóp- 
tero del ejercito aterrizo muy cerca de donde se escu- 
charon los rafagazos, recogió el cuerpo de MANUEL 
MANRRIQUE DURAN y lo evacuó; los militares 
dijeron que se trataba de un guerrillero muerto en 
combate. 

Ocho días después, sus familiares recibieron el 
cuerpo, que presento eminentes signos de tortura y 
fue sepultado en el cementerio de la vereda Come- 
za Hoyada, sector conocido como Quebradas, en el 
mismo municipio. MANRRIQUE DURAN, hacia 
tan solo dos meces había cumplido una pena de 26 
meces en la cárcel de Sogamoso, por el presunto de- 
lito de rebelión, fue capturado en el mismo lugar de 
donde lo sacaron para asesinarlo. 



Por la información recibida de la comunidad, pue- 
de presumirse que se trato de una ejecución extraju- 
dicial, por parte de miembros del ejército nacional. 

Julio I o de 2007: 

En horas de la mañana la Misión sostuvo re- 
unión con las siguientes autoridades civiles del mu- 
nicipio de Socotá: Doctor Luís Pérez Mendivelso 
(Alcalde), Doctora Yolima Mendivelso Mejía (Per- 
sonera), Doctora Esperanza Manquera (Inspectora 
de Policía) y Doctor Jesús Cueva Sota (Delegado 
Comité de Política Social). En desarrollo de la re- 
unión, la Misión puso en conocimiento de las au- 
toridades las denuncias recibidas por habitantes de 
Pueblo Viejo contra el Batallón Tarqui de la Brigada 
I y el Batallón 29 Héroes del Alto Llano de la Briga- 
da XVI del Ejercito Nacional, por abusos cometidos 
contra la población civil, entre ellos, hurtos, daños 
en propiedad privada, amenazas y desplazamiento 
forzado. Igualmente, se informó que los habitantes 
de la vereda Pueblo viejo manifestaron que los dere- 
chos a la educación y la salud no son garantizados. 

La doctora Yolima Mendivelso Mejía, manifestó 
que el problema del desplazamiento forzado se ha 
agravado; de 15.000 habitantes que tenia el muni- 
cipio hoy quedan aproximadamente 9.000, lo que ha 
representado que en la actualidad más de 700 casas 
se encuentren abandonadas, según los resultados del 
ultimo censo realizado por el DAÑE. 

Puntualizo que su despacho ha recibido pocas de- 
claraciones al respecto; siendo posible que la comu- 
nidad desconozca los mecanismos para realizar las 
denuncias correspondientes, o no existe confianza 
por parte de la misma en las instituciones. Anoto 
además que las causas que originan el desplazamien- 
to son distintas, en algunos casos por acciones de la 
fuerza pública y en otros por parte de organizaciones 
insurgentes. 

En igual sentido la Misión informó que 8 familias 
victimas del desplazamiento forzado manifestaron su 
voluntad de retornar a la Vereda Pueblo Viejo donde 
se encuentran sus propiedades siempre y cuando se 



Queremos vivir en paz y libertad 



13 



• • ♦ • •# • ■■•■ 



les garantice que el Ejercito Nacional respetará la vi- 
gencia de sus derechos Fundamentales y humanos. 

Frente a esta problemática la Misión planteó a las 
autoridades civiles municipales la necesidad de hac- 
er un llamado a las fuerzas militares que hacen pres- 
encia en la zona para que respeten y garanticen los 
derechos fundamentales de los habitantes y cesen los 
abusos o arbitrariedades contra la comunidad, ante 
lo cual la personería se comprometió en llevar a cabo 
una reunión con el Coronel Aponte, comandante del 
Batallón Tarquí de la Brigada I del Ejercito Nacio- 
nal, en aras de dar a conocer el informe presentado 
por la Misión, así como también tomar las medidas 
pertinentes para evitar vulneraciones a los derechos 
humanos de los habitantes. 

Del mismo modo, la administración municipal in- 
formó a la Misión, que no cuentan con los recursos 
suficientes para solventar las necesidades de la po- 
blación desplazada y además el apoyo del gobierno 
nacional y acción social son insuficientes, agraván- 
dose cada día las condiciones de atención a la po- 
blación desplazada. 



3 . Coordinar desde la alcaldía municipal 
de Socota y la personería del mismo 
municipio, una reunión con el Coro- 
nel Aponte, comandante del Batallón 
Tarquí de la Brigada I del Ejercito 
Nacional; en aras de dar a conocer 
el informe presentado por la Misión, 
así como también tomar las medidas 
pertinentes para evitar vulneraciones 
a los derechos humanos de los habi- 
tantes, e investigar y castigar a los re- 
sponsables cada vez que haya lugar. 



Suscriben el presente informe: 

Matilde Vega 

Vicepresidencia de la República (Contratista) 

Fabián Laverde 
COS-PACC 

July Henríquez S. 
Fundación CSPP 



Recomendaciones. 

1 . Crear espacios de interlocución, que 
permitan generar confianza entre la 
comunidad victima del desplaza- 
miento forzado y las autoridades ci- 
viles municipales. 

2. Que la personería municipal, como 
representante del ministerio público 
coordine la recolección de la infor- 
mación, asistiendo la declaración 
de las victimas; para en base de ella 
darle trámite correspondiente ante la 
Agencia presidencial para la acción 
social y la cooperación internacional, 
en busca de atención inmediata y de 
ayuda humanitaria, según lo establece 
la ley 387 de 1997 y las sentencias de 
la honorable corte constitucional; al 
respecto. 



CC: 

Programa Presidencial de Derechos Humanos 
Vicepresidencia de la República 
Personería Municipal de Socotá 
Batallón Tarqui, 
FCSPP, Aretraque 



14 



«•• 



<••• 



»•+•#•• 



Chachafruto 

el árbol 
muere 

Por: Isaac Ma- 



que nunca 




El Chachafruto es conocido como 
el "Maná del Trópico" como el árbol 
multipropósito y tambiéncomo el ár- 
bol que nunca muere. 

Los pueblos latino americanos, y 
en particular los pueblos indígenas y 
campesinos, hoy amenazados por una 
modernización excluyente, enmarca- 
da por la globalización económica y 
neoliberal; no podemos abandonar 
los métodos y procesos tradicionales, 
las practicas artesanales de produc- 
ción de alimentos para el auto con- 
sumo; como por ejemplo hacer el pan 
casero, el almacenamiento de cereales 
y tubérculos, el ahumado de carnes, 
la identificación, utilización y conser- 
vación de arbustos y árboles que nos 
brindan alimento, salud, abrigo y otras 
comodidades. 

Solo las prácticas tradicionales ga- 
rantizaran que podamos celebrar la 
siembra como sagrado ritual de fecun- 
dar la tierra, la florescencia de nues- 
tros conucos como el hermoso anun- 
cio de festejos y tiempos promisorios, 
y la colección de la cosecha como la 
gran fiesta de los alimentos. La salud 
y la prolongación de la vida. 

En este contexto, y en el marco de 
una propuesta de soberanía alimenta- 



El árbol que nunca muere 1 5 



• • ♦ • •# • ■■•■ 






4 

. i i" 

16 



ría creemos necesario conocer, rescatar y propagar 
de manera prioritaria, algunas especies de árboles y 
plantas que por sus múltiples beneficios es indispen- 
sable tenerlas en nuestras fincas o parcelas. 

Hoy hablaremos de las bondades y variados favo- 
res que nos ofrece el Balú, chachafruto o mapaz. Un 
árbol de tamaño mediano, crece excepcionalmente 
hasta los 10 m de alto, tallo principal y secundario 
con aguijones cortos y de base ancha. Este árbol flo- 
rece en racimos de color rojo oscuro y rojo anaranja- 
do que, posteriormente generan como frutos, vainas 
o legumbres lampiñas nudosas más o menos cilindri- 
cas de 20 a 25 cm de largo. 

Estas vainas poseen de 2 a 6 semi- 
llas arriñonadas de color café, cuyas dimen- 
siones son de 2 a 3,5 cm de largo y 2 cm 
de ancho. 



Descripción agroecológica del 
Chachafruto 



La "Erythrina Edulis" es una de las 115 especies 
de Erythrinas dentro de la subfamilia Papilionoideae 
de las leguminosas, es un árbol que alcanza una al- 
tura de 14 mts. y su follaje puede llegar a los 7 mts 
de diámetro, su rango de vida oscila entre 30 y 40 
años, y el tronco principal alcanza los 37 cms. de 
diámetro, El rango altitudinal para ésta especie es 
desde los 1200 hasta los 2600 mts. Sobre el nivel del 
mar. Los nombres comunes con los que se conoce 
este árbol son los siguientes: chachafruto, balú, sa- 
chaporoto, poroto, balsui y frijol mompas. El Cha- 
chafruto es conocido como el "Maná del Trópico", 
como el árbol multipropósito y también como el ár- 
bol que nunca muere. Es calificado como una planta 
milagrosa por sus propiedades medicinales y como 
un superalimento para el hombre y los animales, no 
solo por la cantidad de proteínas sino también por la 
calidad y balance de sus aminoácidos. 

Como se mencionó anteriormente, el chachafruto 
es un árbol multipropósito, cuya principal función 
está relacionada con la seguridad alimentaria: la se- 



milla es rica en vitaminas y minerales y, especial- 
mente, en proteínas. Según Nancy Barrera, estudios 
realizados en la Universidad Nacional en 1979 en- 
contraron «un 23% de proteína en la semilla y un 
aminograma comparable al del huevo y superior al 
del fríjol [...] y la arveja [...]. La semilla se puede 
preparar cruda y tajada (como las papas), como gra- 
no cocido y entero y como grano cocido y molido 
para formar una masa. 

Las hojas y ramas tiernas pueden darse como ali- 
mento forrajero a las vacas, cabras, caballos, cerdos 
y conejos. Las hojas contienen 24% de proteína, 
29%) de fibra cruda (en peso seco) y 21%> de hidra- 
tos de carbono. Son ricas en potasio pero pobres en 
calcio (Surco, 1987). Las vainas contienen 21%o de 
proteína, 23 % de fibra cruda (en peso seco), 24%> de 
hidratos de carbono y 91%> de humedad. La semilla 
cocinada puede reemplazar en un 60%o el alimento 
concentrado para pollos y ganado vacuno (Martín y 
Falla, 1991). La simbiosis de la E. edulis con bac- 
terias del género Rhizobium, permite a la planta la 
fijación del nitrógeno atmosférico, lo cual significa 
posteriormente una adición natural de este elemento 
al suelo donde crece mejorando su fertilidad. 



La plantación de Chachafruto: 



Por lo general y dadas las bajas exigencias del 
Chachafruto (la E. edulis) para su germinación, el 
sistema de viveros a construir es elemental y no pre- 
senta mayor afectación al medio circundante, toda 
vez que los espacios en las fincas a utilizar, son los 
correspondientes a los viveros de cafetos, patios y 
áreas de huerta. 

La siembra puede ser masiva en el campo, ya sea 
como árbol de sombra, cercas vivas o tipo huerta. 

Como ven, este prodigioso árbol no debe faltar 
en las parcelas; en las zonas, andina, en la cordille- 
ra oriental y en el piedemonte llanero se encuentra 
como árbol silvestre, lo preocupante es que estas co- 
munidades han perdido la costumbre de llevarlo a su 
dieta alimentaria. 



«•• 



<••• 



*• + •#••' 



Alvaro Salón Archila 



una verdadera historia 
que tenemos que contar 



Por: Fabián Laverde Doncel 



Sin lugar a dudas, las primeras clases de historia 
que recibimos en las escuelas y colegios, ó lo que 
nos cuentan nuestros adultos tiene que ver con los 
relatos relacionados con la llegada de los españoles 
a Colombia en 1492, quienes por medio de la fuer- 
za y la represión asesinaron y despojaron a nuestros 



p 0ffNl/E 



indígenas, primeros pobladores de estas ricas tierras 
y como si fuera poco, robaron muchísimo oro que 
encontraron a su paso, dejando solo miseria, enfer- 
medades, odio y la ambición irracional del poder, 
manifestada en la desigualdad social a cambio de lo 
que se les atraviese. 



¿H 



SRUSAB 



ÍSMAR K/UK* «OJISA KUITAR 
Í5IUKAR USAR TORO! 
/ ^ x PUEBLO ttUX&CKA UWA 










-*T 



Una verdadera historia que tenemos que contar 1 7 



• • ♦ • •# • ■■•■ 



• * mJFR> • • • 



Hoy hace más de quinientos años la historia no cambia, justamente en nuestros campos con la influencia 
de las multinacionales que representa el capital salvaje, con el cual se financia la guerra sucia, con el permi- 
so y apoyo de los gobernantes de este país, a diario tenemos que ver millones de desplazados, recordar miles 
de desaparecidos, pasar por ríos de sangre; aquella ofrecida por humildes pobladores, indígenas campesinos 
y todos aquellos que intentan resistir por defender lo más sagrado: la vida y el territorio. 

Esta vez no vienen por oro, pero desde hace rato nos están robando el petróleo, el agua, los bosques, la 
libertad, la sabiduría, en fin. . . la tierra. Solo falta que nos cobren el derecho a respirar. 

Lo que hoy queremos contar y que hace parte de nuestra propia historia, es hacer saber que todavía exis- 
ten comunidades indígenas que a pesar de la guerra dirigida contra ellos a un resisten y seguirán resistiendo 
mientras mantengan claros los principios y convicciones de sus justas luchas, orientadas por defender el 
derecho fundamental a la vida, el territorio, la autonomía, el pensamiento, la convivencia pacífica, mante- 
niendo la relación armónica entre la madre tierra y el hombre, y no el hombre como dueño de la naturaleza, 
tal como es la actitud de los invasores y manipuladores de nuestro país. 

Hoy queremos brindar homenaje al llevar en nuestra memoria al cacique indígena Alvaro Salón Archila, 
líder de la comunidad Uwa, del resguardo Chaparral Barronegro, ubicado en los limites de los departamen- 
tos de Casanare y Arauca, entre los municipios de Sácama, Atocorozal y Tame; quien ofrendo su vida por 
defender su territorio, por enseñar a su comunidad a resistir, interiorizando propuestas en busca de vida 
digna con justicia social. Alvaro, cumplió con el sueño de su padre, el cacique Antonio Salón Archila, 
quien a la hora de morir manifestó: "m/ hijo tiene que ser el líder y luchador del mañana, el defensor del 
territorio" y efectivamente a si fue, al cumplir veinte años de vida asumió con responsabilidad absoluta, la 
herencia de su padre: el liderazgo. Siempre se enfrentó a los intereses individualistas y de terceros contra 
su comunidad; sobrevivió a la masacre de La cabuya, perpetrada en los límites de Sácama Casanare y Tame 
Arauca, en la noche del 19 al 20 de noviembre de 1998, donde asesinaron a cinco personas, entre ellas una 
mujer con siete meses de embarazo. 

Según según lo estableció la Fiscalía General de la Nación, participaron miembros del Batallón de Con- 
traguerrilla No. 25 Héroes de Paya, adscrito a la Brigada XVI con sede en Yopal Casanare, algunos oficiales 
y suboficiales ya fueron condenados. 

Sin embargo su existencia física solo alcanzó hasta la tarde del 23 de abril de 2007, a sus cuarenta y dos 
años, cuando cruzaba por un camino junto con su esposa, en la vereda San Gregorio jurisdicción de Tame; 
una explosión en circunstancias que hasta el momento no son claras, cegó su vida. Afortunadamente Mar- 
leny Camargo, sobrevivió, pues en este país muy pocos testigos pueden quedar vivos. El ejercito nacional 
presento el caso en una nota de prensa, como un incidente de la acción de una mina antipersonal dejada por 
la insurgencia, sin embargo su comunidad argumenta que fue una acción dirigida, en una zona con amplia 
presencia y control de tropas oficiales en el marco de la política de seguridad democrática, impulsada por 
el presidente de la república Alvaro Uribe Vélez. Lo misterioso del caso fue, que el burro en el que el caci- 
que iba montado no sufrió daños. ¿Será que en este caso habrá derecho a la justicia, verdad y reparación 
integral? O por el contrario ¿será otro hecho que se sumará a las largas listas que sostienen la impunidad 
en este país? 

Alvaro Salón Archiva; como lo expresan los más de cuatrocientos indígenas del resguardo Chaparral 
Barronegro, esta más vivo que nunca en cada uno de sus corazones; el siempre será el hijo, el líder, el de- 
fensor, el luchador. 



18 



«•• 



<••• 



»•+•#•• 



El campo y la reajidad actual 

de la finca a la calle 



Por: Martín Ayala 




En los diciembres las fa- 
milias campesinas colombia- 
nas se reunían para festejar. 
Preparaban con el maíz cose- 
chado durante el año la chi- 
cha, bebida tradicional de an- 
cestro indígena, y los tamales 
hechos de exquisitas carnes 
de pollo, pavo y cerdo cria- 
dos en la finca. Compartían 
las variadas músicas de un 
país multicultural bailando 
al ritmo del porro, la cumbia, 
el vallenato o el Sanjuanero. 
Por la mañana se levantaban 
y sentados alrededor del fo- 
gón compartían una tasa de 
café, los sueños de anoche y 
las esperanzas de toda la vida, 
se distribuían los trabajos del 
día y se salía al patio para 
saludar al padre sol, entre las 
brumas de la mañana y la al- 
garabía de los animales. 

Pero todo cambio. Los 
empresarios y terratenientes 
descubrieron que las peque- 
ñas propiedades de los cam- 
pesinos eran buenas o tenían 
riquezas debajo, y sin pausa 
W^fl hicieron planes sobre territo- 
i rio ajeno: megaproyectos via- 



De la finca a la calle 1 ? 



•«♦•♦•• 



les, industriales, mineros. ... Y procedieron a ofrecer 
comprarlas a precio de huevo podrido, dejando caer 
la amenaza de que "es mejor un mal arreglo que un 
buen pleito". 

Pero a los campesinos no les interesaba vender 
sus parcelas porque durante década venían luchan- 
do por tierra "pal"que la trabaja", la vieja y vigente 
reivindicación de la reforma agraria integral que los 
latifundistas gobernantes les negaron hasta el mo- 
mento. Estos campesinos pequeños y medianos pro- 
pietarios que desbrozaron las selvas y mantuvieron 
con su esfuerzo las economías campesinas, garanti- 
zaron hasta 1990 el 80% de la demanda de alimentos 
agropecuarios del país, tenían en su tierra su vida 
y su esperanza. No estaban dispuestos a venderla. 
Pero el neoliberalismo y el terror que son dos caras 
de la misma moneda junta a la política de "seguridad 
democrática", la llegada de capitales extranjeros, y 
la entrega de la biodiversidad, las tierras y los demás 
recursos naturales a las transnacionales - yanquis y 
Europeas- están diezmando al campesinado colom- 
biano que hoy ya no llega al 30% de la población na- 
cional pues millones han sido sacados a físico plomo 
de sus tierras. 

En la última década en Colombia, campesinos y 
afro descendientes han perdido más de 4 millones de 
hectáreas de tierra que a sangre y fuego ha pasado a 
manos de los terratenientes. Son más de 3 millones 
de campesinos y campesinas los que ya no pueden 
reunirse en los festejos de diciembre porque están 
desplazados por la violencia estatal y latifundistas, 
perdidos en las ciudades, obligados a la mendici- 
dad... tratados como gente sobrante. 

Pero miles de campesinos, indígenas y negros si- 
guen resistiendo a la guerra que les han declarado el 
capital y realizan valientes campañas para liberar a 
la madre tierra prisionera entre los cercados de los 
agronegocios y el latifundio ocioso, rentístico. Los 
campesinos quieren hacer la reforma agraria por 
cuenta propia ante el desmantelamiento del instituto 
de reforma Agraria. Para los campesinos los sueños 
de siempre incluyen la tierra y la vida, y no el mar 
de muerte y los monocultivos de palma africana con 
que sueña cada noche el presidente Uribe Vélez, sin 



• • •>'*• • • • 

importarle cuanta naturaleza arrase y cuanto suba la 
canasta familiar con tal de ver los autos que no son 
ni de los campesinos ni los indígenas ni los pueblos 
Afros movilizándose con carburantes que no son la 
alternativa como quiere hacerlo creer. 

Los campesinos, indígenas y afrodecendientes 
no imploran piedad. Exigen tierra para trabajar, una 
verdadera reforma agraria, justicia social, retorno se- 
guro de sus desplazados, solidaridad internacional en 
la defensa, recuperación y fortalecimiento del tejido 
social, respeto de sus creencias, derechos y tradicio- 
nes, castigo a los responsables de crímenes de lesa 
humanidad y castigo a las multinacionales que se be- 
nefician directamente del terror y la impunidad. 

Por todo esto es inaceptable que el propio Esta- 
do propicie - como hace desde la Ley de Justicia 
y Paz- el que las tierras despojadas violentamente a 
los campesinos por los grupos paramilitares al servi- 
cio del capital, pasen en propiedad a los homicidas 
y terrorista de las mafias, latifundistas y multinacio- 
nales. 




20